Cuando dejas de escapar de ti
Hay un momento —no siempre claro, a veces apenas perceptible— en que algo se detiene.
No afuera.
Adentro.
De pronto ya no estás corriendo tan rápido.
No estás intentando resolverlo todo.
No estás explicándote cada cosa que sientes.
Solo… te quedas.
Y ahí aparece algo que antes estaba cubierto por el ruido.
Ansiedad, sí.
Tristeza también.
A veces rabia, vacío, confusión.
Pero ya no se sienten igual.
Porque por primera vez no estás tratando de sacarlas.
Durante mucho tiempo aprendemos a relacionarnos con nuestra experiencia desde la evitación.
Distraerse.
Pensar demasiado.
Buscar respuestas.
Intentar “estar bien”.
Todo eso funciona… hasta que deja de funcionar.
Hay cosas que no se resuelven pensando más.
Hay cosas que no cambian porque las entiendas mejor.
Hay experiencias que solo empiezan a transformarse cuando dejas de escapar de ellas.
Esto no es tan cómodo como quisiéramos.
Porque cuando te quedas, también aparece lo que has evitado.
Lo no dicho.
Lo no sentido.
Lo que en algún momento fue demasiado.
Pero hay algo importante aquí:
Lo que aparece no es nuevo.
Siempre ha estado.
Solo que ahora lo estás viendo sin moverte.
En ese contacto directo, sin tanta defensa, empieza a ocurrir algo distinto.
No es inmediato.
No es espectacular.
Pero es real.
Empiezas a darte cuenta de que no todo lo que sientes necesita ser cambiado.
Que no todo lo que aparece es una amenaza.
Que hay una parte de ti que puede sostener lo que antes parecía insoportable.
Y en ese sostener… algo se reorganiza.
No porque lo controles.
No porque lo fuerces.
Sino porque dejas de fragmentarte.
Tal vez de eso se trata.
No de volverte alguien distinto.
No de corregirte.
No de “sanar” en el sentido que muchas veces se promete.
Sino de poder estar.
Estar contigo, incluso cuando no es cómodo.
Estar sin escapar.
Estar sin convertir cada experiencia en un problema.
Porque a veces, lo que más duele no es lo que sentimos.
Es la distancia que hemos construido con nosotros mismos.
Out of Psychology también apunta a esto:
No a enseñarte a controlar tu mente,
sino a encontrarte con tu experiencia sin necesidad de huir.
Y en ese encuentro, silencioso y muchas veces poco cómodo,
empieza algo que no siempre sabemos nombrar…
pero que se parece mucho a retornar a nosotros mismos.
Comentarios
Publicar un comentario